Arte Limosnero: una obra en movimiento
El arte siempre ha sido, en esencia, una forma de encuentro. Con “Arte Limosnero”, Santi Flores presenta una nueva propuesta artística que parte de una tradición casi olvidada para transformarla en una experiencia contemporánea basada en la conexión humana, la itinerancia y la emoción compartida.

Una tradición reinterpretada
El proyecto nace inspirado en las antiguas capillas domiciliarias, también conocidas como capillas limosneras. Estas pequeñas estructuras religiosas viajaban de casa en casa dentro de una comunidad, portando en su interior imágenes devocionales y generando momentos de encuentro entre las personas.
Desde el respeto hacia esa tradición, Santi Flores se apropia de su esencia estética y simbólica, alejándose de la dimensión religiosa para centrarse en el gesto social que la definía: el acto de compartir. La capilla deja de ser únicamente un objeto y se convierte en un vehículo de relación entre individuos.

La creación de las capillas
La primera fase del proyecto, ya concluida, ha consistido en la creación de una serie de capillas propias diseñadas por el artista. En su interior, cada pieza alberga expresiones artísticas en forma de pintura y escultura que responden al lenguaje habitual de Santi Flores, caracterizado por su dimensión conceptual y emocional.
Estas obras no están concebidas como piezas estáticas, sino como estructuras vivas que adquieren significado a través del recorrido que realizan y de las historias que generan a su paso.
Un experimento social abierto
Con la creación de las capillas comienza ahora la segunda parte del proyecto: un experimento social cuyo desarrollo y resultado son, por definición, inciertos. Las obras serán entregadas de manera gratuita a personas que deseen participar en la experiencia, con una única condición: inmortalizar el momento de la entrega mediante una fotografía compartida en redes sociales.
Cada participante custodiará el Arte Limosnero durante aproximadamente un mes antes de entregarlo a otra persona elegida por él o ella. Este proceso continuará durante un año, construyendo una cadena de encuentros humanos donde el arte funciona como punto de unión.
¿Dónde terminarán las obras después de ese tiempo?
¿Qué historias surgirán en cada entrega?
¿Se convertirán en excusa para reencontrarse, fortalecer vínculos o iniciar nuevas relaciones personales y profesionales?
Estas preguntas forman parte esencial de la propuesta, que se plantea como una obra abierta donde el recorrido es tan importante como el objeto artístico.

El inicio del viaje
Para poner en marcha la circulación de las primeras piezas, una serie formada por 18 obras, el artista celebrará un evento en su propio estudio. Allí, las capillas serán adjudicadas a los asistentes interesados en formar parte del proyecto, marcando el inicio de un trayecto colectivo donde el arte abandona el espacio expositivo tradicional para integrarse en la vida cotidiana.
Arte Limosnero no busca respuestas definitivas, sino activar experiencias. Una obra que se transforma con cada persona, cada fotografía y cada historia compartida, recordándonos que el arte puede existir más allá del objeto para convertirse en un gesto de conexión entre individuos.

